jueves, 15 de febrero de 2018

Plantas carnívoras y lepidópteros en las turberas | Lagoa de Alcaián, Braña Rubia

    Esta es la última entrada sobre mi aventura por tierras galaicas, que ocurrió el día 1 de agosto de 2017. Alfonso y yo quedamos en Santiago de Compostela con Alejandro A. Lázaro Camafreita alias Geometridae (de Geometra conservancy), un crack del mundo lepidopterológico, que nos guió a una zona de turberas la mar de interesante. Allí, entre helechos reales (Pteridium aquilinum) y zarzales, aparecieron especies muy interesantes, algunas de ellas nuevas para mí. Alejandro nos había prometido bichear bien y aunque el día no parecía augurar buen tiempo, finalmente yo me llevé alguna que otra cosa sorprendente fotografiada en la memoria de la cámara, aparte de las perneras del pantalón empapadas, pues tuve un pequeño percance en un estanque no muy profundo...
Brezo de las turberas (Erica tetralix), indicadora de gran acidez en el sustrato.
Lobito agreste (Pyronia tithonus), macho.
Manto oscuro (Lycaena tityrus).
Díptero sin identificar.
Ochlodes sylvanus, macho.
Acrobasis porphyrella
Drossera intermedia
Drossera intermedia
    También pudimos observar pito real (Picus sharpei), Carabus sp., una hembra de tamaño medio de Argiope bruennichi y un gladiolo (Gladiolus sp.).

martes, 13 de febrero de 2018

Mis experimentos: germinación de mandarino

    Una de las típicas frutas españolas de invierno es la mandarina, que se cultiva en abundancia en las regiones mediterráneas. Estos cítricos suelen cultivarse en grandes campos y los plantones son injertados. El otro día se me ocurrió probar con unas semillas de una mandarina que me comí, a ver qué tal se daba su germinación. La mandarina me la comí el día 30 de enero y acto seguido pelé las tres semillas con unas pinzas, extrayéndoles la capa externa, de color blanquecino. Usé el famoso método de la servilleta: las guardé en una servilleta de cocina húmeda (no encharcada) y todo lo envolví en papel de aluminio, a unos 20 C. A los cuatro días ya tenían una pequeña raíz y hoy, a 13 de febrero, están como se ven en la fotografía. Éxito.

Flores de las dunas de Urbanova. Febrero 2018.

12.2.2018 | En las dunas fósiles del sur de Alicante, así como en los arenales litorales que las separan del mar, donde los bañistas no se suelen detener, existen numerosas especies botánicas de gran interés, ya sea por su escasez a nivel mundial o por sus curiosas adaptaciones a la extrema insolación, la proximidad del mar, que suele salpicar agua salada sobre su follaje, y al carácter semiárido que ya de por sí poseen las costas del sureste ibérico. Hoy he podido observar todas estas especies en la playa del Saladar, algunas de ellas eran nuevas para mí, como la violeta arborescente. 
Viola arborescens
Lotus creticus
Fagonia cretica
Thymelaea hirsuta
Cakile maritima
Diplotaxis erucoides
Echium sabulicola
Centaurea seridis
Polygonum maritimum

lunes, 12 de febrero de 2018

Avifauna de las salinas de Santa Pola y aproximación a la flora de su cabo

11.2.2018 | Después de comer, Mª del Mar y yo nos acercamos a las salinas de Santa Pola, donde flotan en sus tranquilas aguas malvasías y otras anátidas, cormoranes y gaviotas. Los flamencos se agrupan en una gran bandada ruidosa, en el centro de todo. En los espigones que rodean cada saladar, crecen diversas plantas adaptadas a un sustrato hipersalino, y allí vislumbramos un ejemplar de garceta grande (Egretta alba) y algunas limícolas pequeñas.
Garceta grande (Egretta alba), la tercera que veo en mi vida.
Esta ardeida está aumentando sus efectivos invernantes en el sur de Europa
gracias a la recuperación de sus poblaciones centroeuropeas.
Correlimos común (Calidris alpina).
Vuelvepiedras (Arenaria interpres), uno de los cuatro ejemplares que vimos.
Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) acicalándose el plumaje.
Avoceta (Recurvirostra avosetta), con su característico pico curvado.
Flamencos (Phoenicopterus roseus), algunos de ellos comenzando el cortejo.
    Tras deleitarnos en la observación de aves, continuamos hacia el Cabo de Santa Pola, por si hubiera alguna orquídea en flor. Lo cierto es que nos distrajimos con otras especies vegetales y acabamos por no buscar ninguna orquídea... Se nota que en este lugar, la primavera empieza mucho antes.
El gran escalón del arrecife fósil del Cabo de Santa Pola de unos 6 m.a. La flora autóctona de esta zona es la típica que podemos encontrar en las costas del sureste ibérico sobre terrenos básicos: oroval (Withania frutescens), palmito (Chamaerops humilis), romero (Rosmarinus officinalis), albaida (Anthyllis cytisoides), cañaheja (Ferula communis), esparto (Stipa tenacissima), lentisco (Pistacia lentiscus), bayón (Osyris lanceolata), bufalaga (Thymelaea hirsuta), zamarilla de las dunas (Teucrium dunense), uña de gato (Sedum sediforme), acebuche (Olea europaea var. sylvestris), marrubio (Ballota hirsuta)...
Detalle de la inflorescencia de la albaida (Anthyllis cytisoides). Esta planta florece en mi zona en pleno mayo.
Oroval (Withania frutescens), endemismo iberoafricano. En verano pierde las hojas.
Zamarilla costera (Teucrium dunense), vista de la planta.
Cañaheja (Ferula communis), vista del tallo floral.

jueves, 8 de febrero de 2018

Paisaje de Gredos

    Hace unos días estuve de visita en una zona nueva para mí, el sur de Ávila y el norte de Toledo, junto a María del Mar, desde Méntrida a los Toros de Guisando y El Tiemblo, y el Embalse de San Juan con sus grandes pinos piñoneros. Tuve la suerte de contemplar escenas maravillosas, aunque, sin duda, me quedo con la que os muestro abajo.

domingo, 4 de febrero de 2018

Gorriones comunes congelados

Gorrión común (Passer domesticus), ejemplar macho. Nótese el plumaje invernal.
Gorrión común, hembra. 
    Hoy, la nieve ha sido la gran protagonista de gran parte de la provincia de Albacete. En la capital, aunque algo ha caido, no ha llegado a cuajar, sin embargo, hemos sido testigos de la  abundante lluvia que nos hidrata en esta época apagada y grisácea. Los gorriones comunes son pájaros muy comunes en la ciudad, si bien SEO/Birdlife avisa de su declive (en 2016 fue el "ave del año", para concienciar a la población sobre la bajada demográfica que tiene esta especie en los últimos años). Siempre que me asomo a la ventana, suelo ver algún pequeño grupo, y ahora es más fácil verlos, pues a los de medio ambiente ya les ha dado la neura de podar compulsivamente el 80% del arbolado albaceteño, sin pensar si hace falta o no, aunque la Sociedad Internacional de Arboricultura opine que esta práctica es dañina para los árboles (¿a quién le importa lo que opinen los expertos?). ¿Será la poda desmesurada de los árboles uno de los factores que afectan a la escasez de gorriones en las ciudades? Podría ser, aunque no creo... Tal vez la contaminación tenga más que ver. Lo cierto es que no se sabe la causa exacta.

jueves, 25 de enero de 2018

Tras las huellas de la Naturaleza en Villamalea

    Hay zonas en mi provincia que tienen un pasado geológico la mar de interesante, lo que se traduce en paisajes sorprendentes (a la vista está la entrada anterior). Es, también, el caso de la Cueva de los Ángeles, por donde mi amigo Juan Pablo López Aracil quiso llevarme el pasado lunes 15 de enero. Esta visita fue un regalo que quiso hacerme el bueno de Pablo y lo cierto es que considero que el mero hecho de disfrutar de su compañía y escucharle hablar tanto de la Naturaleza como de la vida en general ya es un regalo de valor incalculable. 
   Bueno, que me pongo ñoño... ¿Por dónde iba?
   La Cueva de los Ángeles está en Villamalea, siendo un lugar bastante conocido en la provincia, un rincón del que había oido hablar (creo que una vez vi un reportaje sobre este lugar en la difunta "TVA"). Atravesando colinas cubiertas de romero, tomillo, pinos y carrascas, llegamos a un lugar que califico de "onírico". Una enorme grieta en la tierra albergaba una pequeña cascada que vertía sus lágrimas interminablemente en un pequeño lago azul, todo ello rodeado de paredes repletas de culantrillos (Adiantum capillus-veneris), musgos verdes de brillos refulgentes bajo las hiedras, amantes de la humedad, y hepáticas. Se me olvida decir que antes de llegar a la Cueva, nos detuvimos primero ante dos enormes quejigos (Quercus faginea) junto a una casa abandonada. En torno a los árboles, había terrazas con granados, olivos y pequeños quejigos cuya procedencia sin duda habría que achacar al par de robles más grande.
Quercus faginea. Parece como si al ejemplar de la izquierda no lo hubieran podado nunca, en cambio, las ramas tan verticales del de la derecha me sugieren que alguna vez llegaron a podarle. El suelo en torno a los dos robles estaba lleno de conchas de Sphincterochila candidissima de todas las edades.
Cueva de los Ángeles.
Paredes de roca viva, con formas curiosas, cubiertas de musgos, hepáticas y helechos (Adiantum capillus-veneris).
Fronde de culantrillo (Adiantum capillus-veneris).
    En el lugar, si uno accede con extrema preocupación, se puede entrar en una estrecha estancia, junto al agua, donde resuena el chapoteo del agua que corre por las paredes que se amplían, como estalagmitas que ya llegaron al techo. Como estaba tan oscuro en el lugar, lancé el flash y la cámara captó la siguiente imagen:
Curiosas formaciones de roca caliza.
    Tras admirar las diversas formaciones geológicas de curiosas formas, cubiertas de musgo, salimos de la enorme grieta en la tierra para continuar por un sendero que la recorre, hacia un pequeño caserío donde solo nos recibieron los rebuznos de un burrito y un gato blanco que nos siguió durante bastante tiempo. Mientras, nos maravillábamos con las especies de flora y fauna que íbamos descubriendo. Por ejemplo, un joven olmo (Ulmus minor) que, aun sin hojas, tenía aún las agallas secas producidas por Eriosoma lanuginosum (id. Pablo López Aracil), o las galerías del coleóptero Scolytus, en un árbol seco. También vimos algún pajarillo, petirrojo (Erithacus rubecula), mito (Aegithalos caudatus) y pinzón vulgar (Fringilla coelebs).
Hepáticas sin identificar.
Galerías de Scolytus. Estos túneles los realizan bajo la corteza, solo cuando ésta cae o la arrancamos podemos observarlos, aunque muchas veces sus efectos en la salud del árbol se observan mucho antes.
Cecidios en los foliolos de un lentisco (Pistacia lentiscus), especie vegetal que empieza a ser más común por esta zona de Albacete, más cercana a la provincia de Valencia, producidos por Aploneura lentisci.
    Como veis, incluso en invierno es posible encontrar rastros animales en el campo, por pocos que sean. Siempre me gusta buscar conchas de moluscos terrestres por algunas zonas y aquí encontré varias especies: Otala sp., Pseudotachea splendida, Sphincterochila candidissima, Rumina decollata y una que no esperaba, aunque es más común de lo que parece: Monacha cartusiana. 
Monacha cartusiana sobre una orquídea abejera Ophrys.
Rumina decollata y Pseudotachea splendida.


    Y los hallazgos no acaban aquí, pues en el camino descubrimos varias huellas de mamíferos, las más interesantes eran de tejón (Meles meles), junto con algunas de cabra montesa (Capra pyrenaica), gato, perro y humano.
Huella de tejón (Meles meles).
Coscoja (Quercus coccifera).
Enorme líquen crustáceo sobre una roca.
    Esto es, más o menos, lo que vimos y disfrutamos, nos llevamos un buen recuerdo de este bello paraje, tanto en la tarjeta de la cámara como en el cuaderno de campo. Después nos dirigimos a Casas de Juan Núñez donde disfrutamos de una buena hamburguesa de "Rambito" (hamburguesas Rambito, cuantas más comes, más te crece el pito).

lunes, 15 de enero de 2018

El Barranco del Espino

Entrando al Barranco del Espino.
    Qué ganas tenía de volver a salir a campear con mi amigo Pablo López Aracil. Esta vez, fuimos el pasado lunes 8 de enero a explorar el Barranco del Espino, junto al Júcar. Hoy (14 de enero) también hemos ido Juanjo Lucas y yo. Sin duda un lugar fascinante, tanto geológica como botánicamente hablando, que yo no conocía y gracias a Pablo puedo registrarlo en mi mapa mental. El entorno de colinas y vallejos que rodea al río Júcar siempre me ha parecido muy curioso e interesante, muy parecido a la Sierra de Chinchilla (diría incluso que más árido todavía, en algunas zonas), cubierto de espartos, romeros, pinos, encinas y boj. Desde luego, enero no es la mejor época para bichear por Albacete. Todas las plantas están en reposo, los animales brillan por su ausencia (a excepción de algunas aves) y lo único que nos queda observar es el paisaje, los sonidos y los aromas que nos traen los húmedos montes, factores con los que un naturalista de corazón siempre va a disfrutar.
    En el Barranco del Espino hay fósiles de moluscos continentales la mar de interesantes (muy comunes en el entorno del Júcar), que datan del Mioceno/Plioceno. Las laderas se erosionan, la tierra se dilata, se encoge, se acumulan los sedimentos, se secan las aguas, vuelven a empaparlo todo, el sol agrieta, el frío rompe y saca a la luz pequeños tesoros de hace millones de años.
Moluscos fósiles incrustadsos en la roca: todas las piezas blancas en la matriz parda son conchas o trozos de moluscos. El grande es un planórbido (Planorbarius). De los otros dos, no estoy seguro, podrían ser Lymnaea sp. o Emmericia candida, aún estoy identificándolas.
Cepaea sp.
Las curiosas formaciones del lugar recuerdan a lugares desérticos de otros países.
Entre esos estratos, encontramos a veces depósitos de lignito.
    Atravesando el lugar, uno se da cuenta de por qué se llama "Barranco del Espino": en algunos rincones del desfiladero crecen espinos albares (Crataegus monogyna) así como espinos negros (Rhamnus lycioides). Debe de ser maravilloso verlos florecer en plena primavera, llenos de insectos de todo tipo...
Enorme dolina, dentro puede caber un centenar de personas.
Pablo me trajo a este lugar con mucha ilusión y no es para menos...
    Por supuesto, aunque estemos en invierno, el buen naturalista intenta siempre encontrar rastros incluso cuando nada andurrea por los montes. Los moluscos terrestres actuales están bastante inactivos, pero es fácil encontrar restos de su actividad. En muchos lugares del entorno de la ribera, se acumulan sus conchas, que sobreviven al animalito que contuvieron hace un tiempo, mezclándose con los fósiles de hace millones de años...
Cinco caracoles en 1m2: de izq. a der. y de arriba a abajo: Rumina decollata, Iberus alonensis, Sphincterochila candidissima, Xerocrassa subrogata, Jaminia quadridens.
Colonia de Camponotus pilicornis.
    Siguiendo el Barranco, tras pasar la dolina, los montes se alejan unos de otros y el campo se amplía. Quedan algunas laderas a mano izquierda y siguiéndolas, llegamos a un cuco en lo alto de una colina. El frío quema nuestras mejillas mientras el sol besa el horizonte y la noche se acerca. El reclamo del búho real (Bubo bubo) comienza a sonar. Tendremos que volver en primavera, cuando los campos anden en flor, cuando cante la calandria y conteste el ruiseñor.
Típico cuco manchego.
Vistas de los montes cercanos desde la colina del cuco.
Hoja invernal de rosal silvestre.
    Finalmente, os quiero enseñar una muestra de conchas (actuales y fósiles) encontradas en el lugar. La primera es un Iberus alonensis adulto con una bonita librea rayada; el resto son planórbidos, Melanopsis, la caracolilla que aún no he identificado con seguridad y tres Cepaea.